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El acuerdo no fraguó a pesar de largas horas de negociación al abrigo del robusto Alcázar segoviano. Discurrieron desde el principio tan embarazosas las monsergas, sostenidas en mil y un argumentos, que las lenguas acabaron resecas como la arena del desierto.

-El Señor ha puesto esto en el corazón del monarca, justificó la reina apoyando sin fisuras la postrera decisión.

El anciano Abravanel, acompañado de otros cabecillas de la comunidad judía, volvieron pesarosos al aljama de Toledo para malvender a toda prisa sus posesiones. Restaban escasas lunas para el último día de julio, límite establecido por el edicto firmado en Granada para aceptar la conversión o abandonar Sefarad.

Con su canosa barba alborotada como un ovillo de lana a causa de la incertidumbre y la frente labrada por el discernimiento, el responsable del montazgo puso sus babuchas en la tienda del mercader Juan de Murviedro.

-Se os echará de menos, mi buen compadre.

-Igualmente os digo, pero ¿acaso cabía otra alternativa?, inquirió el judío abriendo los ojos como botones y alzando los brazos al cielo como una menhorá. En su gesto era evidente la alusión al desleal Abraham Seneor, octogenario juez de las aljamas judías de Castilla y tesorero principal de la corona, bautizado en Guadalupe bajo el apellido cristiano Pérez Coronel.

-También se dice que llegasteis a ofrecer a los monarcas una enorme suma de dinero por reconsiderar su decisión…

-Otro gallo cantaría sin la obcecación y la influencia en la corona de ese maldito Torquemada, sentenció Abravanel con voz rauca.

En ese mismo instante, un trueno ensordecedor estalló en mitad del cielo, auspiciando tormenta. Las palomas se asustaron y, aturdidas, izaron el vuelo en busca de refugio hacia el alto del campanario.

-Tomad lo que estiméis, por favor.

-Decidme qué os debo por este libro que llevo. Quizá me ayude a entender lo sucedido en nuestras tierras durante los últimos decenios…

El judío dejó sobre la mesa de madera varias monedas que sacó de su bolsillo y una de ellas rodó hasta decantarse por el águila de San Juan y la leyenda Sub umbra alarum tuarum protege nos Domine.

-Son diecinueve euros con cincuenta.

Ambos se despidieron con efusivo abrazo.

Apenas hubo cruzado el dintel de la puerta avanzando entorpecido por el ruedo de la túnica, Abravanel comenzó presto a ojear la última obra del británico Kamen.

En este año 2016 coinciden la Navidad y la fiesta judía de חנוכה o Janucá. No siempre la convivencia entre culturas fue sencilla… El historiador Henry Kamen aporta una gran luz sobre la llamada Expulsión de los Judíos de 1492 en su biografía sobre “Fernando El Católico” (2015. Esfera de los Libros) 

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