Indulto navideño

Tom decidió asomarse a la pantalla dos días antes de la Nochebuena. Con sigilo para no incomodar demasiado. Esperaba encontrar desconsuelo en aquella mirada madura y algo brumosa. De esas que cercenan la nitidez. La lluvia constante sumaba humedad a la tragedia que se cernía sobre el cuerpo frágil. Formaría parte de la desdicha el…

Vuelo sin motor

Brotó en el desierto de mi circunspecto semblante. Se deslizó sin temor ni bochorno con la incandescencia que sólo provocan las yemas de los dedos. El rencor pudo convertirla en hielo mas prefirió vestirse de fábula. Tras resbalar por la mejilla, como vuelo sin motor saltó al vacío. Preñada de conmoción. Tan frágil que le…

El embrujo de la soledad

Sam Bartram no temía la soledad, aunque nunca le faltó al respeto. Con siete años ya bajaba a la mina y en su tierna espalda se dibujaron los arañazos propios de la aspereza del subsuelo. Cuando se sumergía un centenar de metros, o quizá más, su imaginación lo transportaba a las entrañas de una enorme…

El tercer caballero

Y así es como nuestros tres caballeros andantes se pusieron en camino. No sin cierto temor pero con decisión y coraje. Las gentes que los miraban al partir nada extraño percibían, pues solo veían las viejas capas, arrugadas y gastadas por el paso del tiempo a causa del viento frío y la lluvia. Hacía más de…

Fe de erratas

Sábado de tiempo cambiante, como acostumbra marzo. Sol, lluvia, viento y vuelta a empezar. Una humeante cazuela de sopa aguarda en la cocina de la que fue mi casa. De letras, para el trago amable de mis sobrinos. Antes de sentarnos a la mesa, ojeo el periódico que mi padre adquiere con la habitualidad de…

La reina de marfil

La tez morena de las hordas envalentonadas sobresalía en la planicie cuadriforme. Competían con una fiereza descomunal, como si llevaran las vísceras en la boca. -¡Ni uno vivo!, se escuchó a modo de algarada tras horas de eléctrico desmayo. La caballería apenas ya levantaba las pezuñas bañadas en sangre de un suelo que parecía hielo.…

Merry Christmas

"¡Ay, pero qué agarrado era aquel Scrooge! ¡Viejo pecador avariento que extorsionaba, tergiversaba, usurpaba, rebanaba, apresaba! Duro y agudo como un pedernal al que ningún eslabón logró jamás sacar una chispa de generosidad; era secreto, reprimido y solitario como una ostra. La frialdad que tenía dentro había congelado sus viejas facciones y afilaba su nariz…

Un minuto

Un suspiro. Un bajar a la calle y abrir el paraguas. Un cambiar la arena del gato. Maldecido delante de un semáforo en rojo y mirado por encima del hombro en la cola de un banco. Siendo optimista, en un minuto apenas cabe un café o un artículo de periódico. A lo sumo para llenar…

Nataša de Macedonia

Atiendo la llamada de mi amigo Gonzalo. Antes de pronunciar su habitual seguimos triunfando me traslada la invitación a participar en un proyecto auspiciado por la Comisión Europea y bautizado con el sugerente nombre de Courage. Acepto el reto cuando me explica que tiene como fin trabajar en procesos de negociación entre empresarios y sindicatos…

Fumata blanca

La mancha de humo difuminada sobre el tejadillo a dos aguas de la Capilla Sixtina conmovió el universo católico. Después de cinco votaciones, el repique de campanas anunciando la clausura del cónclave dio paso al ritual que culminaría con el urbi et orbi. Al reloj de pared le faltaban unos minutos para las siete de la…

El abuelo Epifanio

Hoy es su día. Cumple noventa pero los médicos dicen que está hecho un toro. Pienso que es sólo para darle ánimos porque yo lo veo un poco chatarra. Por lo menos ha dejado de fumar, que no es poco. Sigue tan bromista. Y cuando ríe parece que está comiendo sandía. Porque a mi abuelo le…

Las gafas de Alessandro

Jandrito es un niño obediente aunque no tiene el orden por baluarte. Con seis años recién cumplidos, es tímido pero curioso como un gato himalayo. Y un poco despistado. Muy despistado en realidad. No es ni feo ni guapo. Exhibe cara redonda y sudorosa como una cebolla, nariz chata y pelo negro surcado por un…

¡Olé, olé, si me eligen!

-¡Viva Leo!, gritaban al unísono en el recinto pidiendo la presencia del alemán. La situación se tornaba delicada, camino de deteriorarse aún más, y era preciso tomar decisiones drásticas. -¡Somos el hazmerreir!, gritó un varón con la camisa abierta y la palma de la mano cubriéndose la cara. Un grupo de mujeres, con los pómulos…